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Sentir, vivir y no caer: testimonio de vida del ex combatiente Edgar Toscano

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Cambia, todo cambia, como dice la canción. Y nunca fue tan cierto esto como hoy, un 2 de abril, donde a todos como argentinos nos empiezan a arder esas heridas abiertas, por una guerra que no debió ser. Cambia la realidad a cada instante y todo comienza a ser complejo. Sentir y vivir el día a día, disfrutar cada instante como si fuera el último. Sin saber qué será mañana. Esa, entre muchas más, fue la sensación que la mayoría de los excombatientes vivieron a flor de piel en el tan ansiado regreso a casa.

Dispuesto a contar una vez más su verdad, su sentir, su pensar, su postura ante lo que fue aquel conflicto armado, Edgar Toscano, ex combatiente de Santiago Temple comenzó la entrevista con completa soltura presentándose. “Soy hijo de María Clara Monti y Atilio Lorenzo Toscano, esposo de Beatriz Martín, padre de 3 hijos: Estefanía, Melisa y Agustín; abuelo de dos nietitos: Bautista y Josefina, nacido en 1962”.

Sin importar que había decidido pasar un fin de semana largo junto a su mujer en otra provincia y, haciendo memoria emotiva de aquellos años, nos recordó cada vivencia de aquél 1982, entre anécdotas, miedos y con las emociones a flor de piel.

Tenía 18 años, ninguna novedad para los jóvenes de la época. En ese momento 14 meses eran suficientes para cumplir con el servicio militar, lo que nunca se imaginó Edgar es que esto lo llevaría a tener la experiencia más impactante de su vida: “Ni yo, ni mi familia sabíamos que iba a la guerra”.

Escribí cartas para mis familiares, dijo Edgar, pero esto no fue suficiente. Por no poder brindar la ubicación se las devolvían y eso lo llevó a decidir no hacerlo más.

“Nos enteramos de la participación de la guerra el 30 de marzo, cuando nuestro comandante, Enrique Molina Picco, nos informa que participaremos en la Operación Rosario”, así llamaron a la Operación Recuperación de las Islas Malvinas.

“Vivíamos 24 hs. arriba del barco, preparados para zarpar. El 28 de marzo salió la flota Argentina a alta mar. “Pensábamos, los compañeros de barco, que íbamos al conflicto que en ese momento había en la Isla de Georgia”. Recuerda, con completa claridad, cada detalle del tiempo que les tocó para salir a navegar “tiempos malísimos nos tocó, el mar, muy movido».

El 1 de abril, las malas condiciones climáticas no dejaron que se actuará con total normalidad, por lo que sólo desembarcaron los buzos tácticos a las 22:00 hs. Todo quedó para el 2 de abril, donde nos contaba que en el buque ya tenían alarma de combate, “desde las 4:30 de la mañana teníamos que estar en el buque, de pie en los puestos que nos tocaba”.

“7:30 hs., empezamos con nuestro trabajo de recuperar las Malvinas. Éramos una dotación de 280 personas. En mi caso particular tenía como destino el hangar. Cuando salía un helicóptero lo teníamos que sacar, cuando volvíamos lo teníamos que entrar. A mí me tocó salir fuera de borda en el buque, abrir el portón del hagan, recuerdo se veían las luces del puerto argentino y las bengalas que se comunicaban”,explica Edgar.

Con su memoria agudizada sigue contando que esa mañana, les dieron la orden de derribar el faro porque había un inglés que estaba pasando información por radio, de las posiciones en las que estaban ubicados los argentinos. Aunque esto no hizo falta finalmente porque se entregó.

Miedo, incertidumbre, tristeza, preocupación algunos de los sentimientos que Edgar nos mencionaba de ese momento. “Rezas y pedís por todos. Por mis padres, mi novia… que les vaya bien, si me toca algo que sean felices… y bueno yo tenía que defender la patria, eso nos enseñan en el servicio militar”.

Extrañar a su familia era algo común, no tenía ninguna noticia de sus padres, ni de nadie y ahí fue que comentó: “le escribí una carta, se la mandé y esa sí la recibieron”. En la carta le informaba que estaba bien, pero no sabía qué pasaba y ni si volvería, “Estábamos a la deriva porque no quería preocuparlos tampoco. Preocupado tenía que estar yo, nada más”, expresó Edgar con una mezcla de emociones encontradas.

Betty, su esposa, madre de sus tres hijos, compañera de vida y en aquel entonces su novia, brindada al apoyo y acompañamiento incondicional, nos decía que sentía orgullo por la participación en la guerra de su novio, pero también sentía la necesidad de que volviera. “Yo quería que este acá conmigo, pero bueno, era lo que le tocó. Le pedía a Dios con mucha fe (…) en mi caso se dio que pudo volver, muchos no volvieron, otros volvieron mutilados, otros les quedó una secuela muy grande. Muchos se suicidaron después de la guerra…”.

“La verdad que fue uno de los días más felices de mi vida, va quedar grabado para siempre para mí, haber aportado mi granito de arena en la posición que estaba, me siento orgulloso de entrar en la historia argentina”, afirma bajo una lluvia de fervor y emoción cuando nos contaba que en la Isla cantaban el Himno Nacional.

Estar alerta todo el tiempo, era indispensable, ir y volver al puerto. Una vez más les tocó salir a navegar un 11 de abril, tenían que defender el continente o las dotaciones de barcos. “Navegamos más ligado a la costa porque el submarino no puede actuar cuando está en bajas aguas”. Edgar cuenta que tenían mucho miedo porque tenían alarma del submarino. Agrega, además, que dormían con salvavidas puesto “aunque no sirviera de nada porque al caer al agua qué estaba tan helada no sobreviviríamos tampoco”.

En su experiencia recuerda a los compañeros que quedaron allá. El momento que más tristeza vivió aquel 2 de mayo, cuando el Crucero Ara General Belgrano fue hundido por los ingleses, “ahí dijimos esta gente viene en serio a pelear y si nos tocaba nos tocaba”.

También reconoce con orgullo a sus compañeros de tierra, que la pelearon desde mayo hasta junio, que se rindió Argentina. “La pasaron muy mal, la verdad que esa gente se merece otro tipo de honor, porque lucharon contra un ejército que eran profesionales, se dedicaban a eso”. Reconoce el trabajo y sacrificio intachable que tuvieron, “no tenían la vestimenta especial ni las armas adecuadas, era lo que tenían para sobrevivir.

Sin duda, su vida cambió luego de esta participación en la guerra porque sintió la necesidad de hacer todo rápido, buscar un trabajo, casarse, tener hijos, esa sensación de no dudar o esperar más, “no sabes el día de mañana que te puede tocar” añadió.

A pesar de todo lo vivido en aquel conflicto armado y con una Dictadura en proceso dentro del país, Edgar, nos contaba qué decir participé en la Guerra, en la gente, provocaba una mirada especial. “No era bien visto esto de ex combatiente, de los íntimos el apoyo era total, pero de la otra gente nos relacionaban con los militares de turno”. En diálogo con Beatriz, o “Betty”, su esposa, también nos afirmaba este sentimiento y “discriminacion” que sintieron los ex combatientes donde muchos eran considerados los “loquitos de Malvinas”.

Edgar, expresaba que sólo fue a cumplir con el servicio militar, lo cual para aquel entonces era ley. “Si no se cumplía con ese servicio te metían preso, aparte entregabamos la libreta de enrolamiento y te la devolvian cuando te daban la baja y si no cumplías con el servicio quedabas indocumentado”.

En ese momento Betty recordó con total claridad, cómo se enteró que Edgar había regresado a su pueblo natal, aquel mediodía vecinas fueron a buscarla hasta su casa para darle la tan ansiada noticia, al llegar al bar de su suegra Porota. “Estaban todos los chicos de la escuela primaria alrededor, lo abrazaban y le cantaban, fue muy emocionante”.

En su pueblo natal, Santiago Temple, Edgar participó en la gestión de un monumento en honor a los Héroes de Malvinas. Mencionó la necesidad de malvinizar el país cada vez más. “Es un proyecto que tenía hace mucho, aparte esto se lleva a cabo en todas las localidades donde hay ex combatientes o héroes de Malvinas”, explicó.

Agregó: “para mí fue un orgullo muy grande porque eso lo hago para los Héroes y Veteranos de Malvinas y también para mi pueblo que en aquella época acompañaba a mis padres, enviaban cosas por encomienda, realizaban peregrinaciones”.

Edgar actualmente es socio de la Casa del Veterano, en donde se aporta parte del sueldo para ayudar a aquellos compañeros que han quedado mal física o psicológicamente luego de la guerra. Refirió que llevan a cabo muchas actividades como charlas y capacitaciones de estas Instituciones y que a él personalmente le “tocó participar en una charla hace dos años atrás, en la Escuela Primaria”.

El apoyo mutuo entre las Instituciones que los nuclea fue fundamental para los compañeros y sus familias. Lograr que se revirtiera esa mala mirada que le tenían a los veteranos no fue tarea fácil, pero con el tiempo esto empezó a ceder. Betty hizo referencia a que hablar y contar su experiencia era necesario: “después del tiempo y a raíz que se juntaron con las agrupaciones ahora empezaron a soltarse más: hablar con la familia, con la pareja, con sus hijos”. Afirmó, además, que su esposo, “no hace mucho que empezó a hablarlo”.

Ante la necesidad de que nuestro país se “malvinice”, Edgar se refiere a los jóvenes con un mensaje claro, simple y contundente, seguir con la causa adelante: “son los jóvenes los que tienen que llevar esto adelante, allí quedaron 649 cuerpos argentinos, hay que luchar por esto”. Cerró nuestro diálogo expresando su deseo más profundo: “quisiera, antes de irme de este mundo, ver que recuperemos nuestras Malvinas, sin conflicto”.

Fuente: Redacción Hechos Media (Romina Felicioni – Lia Almada)

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