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Murió la Reina Isabel II de Inglaterra

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La monarca falleció en el castillo de Balmoral, en Escocia. Fue coronada el 2 de junio de 1953. Mientras estuvo en el trono, vio pasar a 15 primeros ministros y 7 papas. Al cumplir 21 años juró: “Toda mi vida, sea larga o corta, estaré dedicada a vuestro servicio”. Hasta el final cumplió a rajatabla su lema: “Lo primero es la obligación, lo primero es el país”

El Palacio de Buckingham anunció la muerte de la reina Isabel II de Inglaterra. La monarca de 96 años falleció en el castillo de Balmoral, en los Highlands de Escocia, rodeada de sus familiares más cercanos. En las últimas horas habían viajado de urgencia hacia allí su hijo Carlos, y sus nietos William y Harry.

“La Reina murió pacíficamente en Balmoral esta tarde. El Rey y la Reina Consorte permanecerán en Balmoral esta noche y regresarán a Londres mañana”, publicó la familia real en Twitter.

Fue la sexta mujer en ascender el trono británico y la que más tiempo reinó. Se estima que su fortuna personal es de 11.700 millones de dólares. 

La hija primogénita del príncipe Alberto creció feliz y sin presiones. Sus padres se querían y la querían. Su abuelo, el rey Jorge V, ocupaba el trono británico y su tío Eduardo príncipe de Gales, era el heredero natural de la corona. En 1930, nació Margarita, quien se convirtió en su compañera incondicional. Su mamá y una institutriz impuesta por la reina Mary, se encargaban de su formación. Nada de matemática o Letras solo etiqueta y modales, pero al menos no un clásico de la época: economía doméstica. Apenas recibía una hora y media de clases por día.

Primogénita de los duques de York y tercera nieta del rey Jorge V de Inglaterra, Isabel se convirtió en la heredera del trono cuando su padre fue coronado en 1936 con el nombre de Jorge VI.

Lilibet creció escuchando que ella era el orgullo de su padre y su hermana, la alegría. Más tarde y ya como Isabel II volvió a sentir esa dualidad entre la mujer y la reina. Como hermana comprendió que Margarita se enamorara de un hombre divorciado, pero como monarca no le concedió el permiso para que se casara con él.

Entre 1939 y 1945 se desarrolló la Segunda Guerra Mundial. El gobierno sugirió que la reina y sus hijas princesas se fueran a Canadá. “Las niñas no se irán sin mí. Yo no voy a dejar al rey. Y el rey nunca se irá”. Solo aceptaron dejar Londres para trasladarse a Escocia.

El 13 de octubre, Isabel dio muestra de por qué era el “orgullo” de su papá. Con solo 14 años habló para todos los niños por la radio de la BBC. En una sociedad donde las clases sociales son muy marcadas, ellas los llamó “amigos y compañeros” y les aseguró que sabía “lo que significa estar lejos de las personas que amamos y seremos nosotros, los niños de hoy, lo que tendremos que hacer del mundo del mañana un lugar mejor y más feliz”. En 1945 se unió al ejército y se capacitó como conductora y mecánica. Su compromiso fue tan impactante que con 18 años, las leyes fueron modificadas para que pudiera tomar decisiones si su padre se ausentaba o tenía algún problema de salud.

Asignado a la Armada Real, Lilibet y Felipe mantuvieron una relación por carta. Cada vez que a Felipe le otorgaban unos días de licencia lo invitaban a pasar esas breves temporadas en el Palacio de Windsor, aunque ni el rey Jorge VI ni la reina le hablaban al novio, a la pareja no le importaba. La princesa canturreaba por los pasillos del palacio People Will Say We’re in Love (La gente dirá que estamos enamorados) porque se sentía la mujer más feliz del mundo.

A regañadientes el rey aceptó al candidato. El 20 de noviembre de 1947, dos años después de terminada la guerra, Felipe e Isabel se casaban. El novio le regaló a su futura esposa un brazalete de diamantes y la promesa de no volver a fumar. Recibieron 10 mil telegramas de felicitaciones y 2500 regalos de todo el mundo. Isabel llevó un vestido realizado por 25 costureras y 10 bordadoras que, para dar ejemplo de austeridad, pagó una parte con cupones de racionamiento. A la boda asistieron dos mil invitados que quedaron impresionados con la seguridad de la futura esposa de apenas 21 años.

Fue la primera boda real transmitida a todo el planeta. Más de 200 millones de personas de todos los continentes escucharon la transmisión radial. Para no ostentar, los recién casados pasaron la luna de miel en el Reino Unido. No pareció importarles, se amaban. Un año después de la boda, el matrimonio anunció la llegada de su primogénito, Carlos.

En 1952, el matrimonio se encontraba de visita en Kenia cuando recibieron una noticia: el rey Jorge VI había muerto. Lilibet pasó a ser Isabel II, del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte y de sus otros Reinos y Territorios Reina, Jefa de la Mancomunidad de Naciones y Defensora de la Fe. Con su cargo se convirtió además en la dueña de todos los delfines, ballenas y esturiones a tres millas de la costa del Reino Unido y de todos los cisnes del Támesis.

Isabel II subió al trono británico el 6 de febrero de 1952, pero la coronaron el 2 de junio de 1953 en la Abadía de Westminster. La imponente ceremonia la presenciaron ocho mil invitados y casi 27 millones de espectadores la vieron por televisión.

La monarca no lo sabía pero comenzaba el reinado más largo del mundo. La coronaron en una nación que en ese momento contaba con unos 50 millones de habitantes que vivían una sociedad con una fuerte diferencia de clases, donde los asesinos eran condenados a la horca, ser homosexual era ilegal y la inmigración masiva no existía.

En sus 70 años en el trono, Isabel II vio gobernar a 16 primeros ministros, 13 presidentes de Estados Unidos y 7 papas. Llegó al trono cuando Winston Churchill ocupaba la residencia oficial de Downing Street, Iósif Stalin estaba en el Kremlin, y Harry S. Truman en la Casa Blanca. Se va cuando la URSS ya no existe, un presidente de color llegó a Washington y un argentino es Papa.

Mientras era princesa dio a luz a Carlos, su primogénito y heredero al trono. Dos años más tarde llegó Ana. Dejó su crianza en manos de institutrices porque recién coronada debió realizar una larga gira protocolar. Casi diez años después, llegó Andrés, su tercer hijo nació el 19 de febrero de 1960. Cuatro años después, el 10 de marzo de 1964, alumbró a su cuarto y último hijo, el príncipe Eduardo.

Como madre hizo silencio pero como reina incentivó a su hijo primogénito para que se casara con Lady Diana, la mujer que le convenía pero no de la que estaba enamorado. El matrimonio terminó en escándalo y divorcio.

En 1992 afrontó públicamente las separaciones de tres de sus hijos Carlos, Ana y Andrés y el incendio del castillo de Windsor. Lo llamó el “annus horribilis”. El único de sus hijos que no se divorció es Eduardo, que se casó con Sophie Rhys-Jones en 1999.

Se convirtió en la reina británica más antigua superando a su tatarabuela la reina Victoria, que tenía el récord a los 81 años.

Reinó en 16 naciones, es decir a 139 millones de personas que viven en los países de la Commonwealth, entre ellos Canadá, Australia, Las Bahamas, Belice y Nueva Zelanda.

Durante su reinado fueron promulgadas 3500 leyes por el Parlamento. Asistió a todas las aperturas del Parlamento excepto en 1959 y 1963 cuando estaba embarazada de sus hijos el príncipe Andrés y el príncipe Eduardo respectivamente. El 83% de las personas que viven en el Reino Unido no han conocido a otro monarca.

Pionera del feminismo organizó los primeros eventos solo para mujeres llevados a cabo dentro del palacio de Buckingham.

Para el cargo de poeta oficial de la Corte aceptó a Carol Ann Duffy, la primera persona homosexual reconocida en ese puesto.

Fue la monarca que apareció en el mayor número de monedas. Su rostro figura en el dinero de 35 países, supera a su padre, que estaba en las monedas de 19 naciones, y a su bisabuela la reina Victoria, en las de 21.

Fue la primera soberana británica que, ante las críticas, optó por pagar impuestos y abrió al público el palacio de Buckingham.

Al cumplir 21 años dijo: “Declaro que toda mi vida, sea ésta larga o corta, estaré dedicada a vuestro servicio”. Por eso jamás tuvo intención de cederle su lugar a Carlos, que se transformó en el heredero eterno.

Toda su vida defendió a rajatabla “lo primero es la obligación, lo primero es el país” por eso cuando el entonces primer ministro David Cameron, dijo que la monarca era “un ancla permanente, soportando las tormentas y sustentándonos en la certidumbre” ni el más acérrimo republicano se atrevió a contradecirlo. Su nieto, el príncipe William, siempre la sintió como un ejemplo de “deber y compasión” y de lo que él llama “su sentido innato de calma y perspectiva”.

El país en el que nació Lilibet no es el mismo donde muere Isabel II. Cambiaron las estructuras políticas sociales, económicas y culturales, pero en tiempos inciertos y de cambios constantes, la reina Isabel mantuvo su rutina invariable y siempre antepuso su responsabilidad como monarca a sus deseos personales. Tanto que cuando las cosas van mal, los ingleses no dudan en maldecir al gobierno, pero cuando van bien gritan orgullosos ¡Dios salve a la reina!

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