En dos años el CONICET perdió el 32% de su presupuesto real. Científicos advierten sobre diagnósticos que no llegan, proyectos paralizados y daños irreversibles.
El ajuste en el sistema científico argentino comenzó a traducirse en efectos concretos que exceden los laboratorios. Diagnósticos demorados, investigaciones paralizadas, controles suspendidos y pérdida de capacidades estratégicas forman parte de una misma cadena que conecta el desfinanciamiento con la vida cotidiana.

Según datos del Instituto Argentina Grande (IAG), el presupuesto real del CONICET cayó un 32% desde 2023. Investigadores advierten que el impacto podría ser irreversible si el recorte se mantiene.
“La ciencia está presente en los alimentos, el agua, los medicamentos, el transporte y las vacunas”, explicó Raquel Chan, investigadora del CONICET. En universidades y centros de investigación, la falta de insumos y personal ya obliga a suspender proyectos esenciales.
El recorte también afecta áreas biomédicas críticas como VIH, cáncer y tuberculosis, además de generar una creciente fuga de talentos. Salarios deteriorados, becas insuficientes y exigencias de exclusividad laboral profundizan la crisis.
Especialistas coinciden en que el ajuste consolidado en el Presupuesto 2026 no solo frena el desarrollo científico, sino que compromete el futuro productivo y sanitario del país.



