Astrónomos identificaron cuásares enrojecidos cuando el universo tenía entre 1.600 y 4.300 millones de años. El hallazgo llena un vacío clave en la comprensión de cómo se forman y crecen los agujeros negros supermasivos.

Un equipo liderado por Matthew Stepney del Centro de Excelencia en Astrofísica y Tecnologías Relacionadas de Chile detectó 77 nuevos cuásares ocultos por polvo cósmico, duplicando ampliamente la cantidad conocida hasta ahora de estos objetos. El hallazgo, realizado mediante datos infrarrojos y técnicas de espectrofotometría del telescopio SPHEREx de la NASA, aporta evidencia fundamental sobre una breve y violenta etapa en la evolución galáctica.
Los cuásares son agujeros negros supermasivos que, al absorber material activamente, se convierten en fuentes extremadamente luminosas. Cuando el polvo los envuelve, su brillo se debilita y resultan casi indetectables con telescopios ópticos convencionales. Hasta este descubrimiento solo existían 50 de estos objetos confirmados. Los nuevos 77 cuásares fueron identificados cuando el universo tenía entre 1.600 y 4.300 millones de años, incluyendo los primeros siete localizados en los primeros 2.100 millones de años tras el Big Bang.
La teoría principal sostiene que estos cuásares enrojecidos surgen tras la fusión de dos galaxias, cuando el gas fluye hacia el centro y alimenta simultáneamente la formación estelar intensa y el crecimiento del agujero negro. El polvo generado actúa como motor de retroalimentación extrema. En tres de cada cuatro de estos objetos, los astrónomos detectaron además un exceso inesperado de radiación ultravioleta, posiblemente vinculado a formación estelar en la galaxia anfitriona.
Los resultados refuerzan la hipótesis de que la eliminación progresiva del polvo marca un punto de inflexión en la evolución de las galaxias y sus agujeros negros centrales. Los próximos estudios apuntarán a ampliar considerablemente la muestra para comprender mejor el papel de estos «monstruos ocultos» en el desarrollo del universo temprano.



