La escalada bélica en Medio Oriente disparó el precio del petróleo. Argentina podría beneficiarse por exportaciones, pero enfrenta riesgo de mayor inflación interna.

La guerra en Medio Oriente introdujo un nuevo factor de incertidumbre para la economía argentina. La suba internacional del precio del petróleo, tras los bombardeos y la tensión entre Estados Unidos, Irán e Israel, reconfigura el escenario energético global.
Argentina, que viene consolidando un perfil exportador centrado en energía y recursos primarios, podría beneficiarse por mayores ingresos de divisas si los precios internacionales se sostienen. El barril volvió a niveles previos a enero de 2025, mejorando las expectativas para proyectos vinculados a Vaca Muerta.
Sin embargo, el otro lado de la moneda es el impacto interno. Un precio internacional más alto suele trasladarse —de manera directa o indirecta— a los surtidores, el transporte y la estructura de costos de toda la economía.
El Gobierno nacional intenta sostener una desaceleración inflacionaria luego de meses de volatilidad. Una prolongación del conflicto o un salto sostenido en la energía podría volver a tensionar el Índice de Precios al Consumidor (IPC).
La disyuntiva queda abierta: más dólares por exportaciones o más presión sobre los precios internos.



