Un informe del organismo advirtió que los subsidios y apoyos sectoriales suelen generar beneficios temporales y sostuvo que las reformas tributarias, regulatorias e institucionales tienen un impacto más duradero sobre el crecimiento.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) volvió a fijar posición sobre las estrategias de desarrollo económico y aseguró que las reformas estructurales generan resultados más sólidos y sostenidos que las políticas industriales aplicadas por los gobiernos para favorecer sectores específicos de la economía.
La definición surge de un informe publicado por el organismo, en el que analiza el crecimiento de este tipo de intervenciones a nivel global durante los últimos años, especialmente después de la pandemia de Covid-19 y en un contexto marcado por conflictos geopolíticos como la guerra en Medio Oriente.
Según el FMI, la política industrial —entendida como el conjunto de medidas estatales destinadas a impulsar determinadas empresas o actividades económicas— experimentó una fuerte expansión desde 2020. Datos relevados por el Observatorio de Nueva Política Industrial muestran que durante 2025 se implementaron medidas en una magnitud 2,5 veces superior al promedio registrado antes de la pandemia.
El organismo explicó que actualmente estas políticas ya no responden solamente a objetivos de competitividad o transición energética, sino también a preocupaciones vinculadas con la seguridad nacional, la resiliencia de las cadenas de suministro y las tensiones geopolíticas.
Sin embargo, el FMI advirtió que los resultados suelen ser limitados. Si bien las ayudas estatales pueden mejorar temporalmente la competitividad de determinados sectores, los beneficios tienden a desaparecer con el paso del tiempo y generalmente favorecen a industrias que ya eran competitivas.
Además, alertó sobre posibles efectos negativos para el conjunto de la economía, ya que los recursos destinados a sectores específicos pueden restarse a actividades más productivas. También señaló el riesgo de que distintos países entren en una «carrera de subsidios» que termine generando mayores costos e ineficiencias.
Frente a ese escenario, el organismo consideró que las reformas estructurales ofrecen mejores perspectivas de crecimiento. Entre ellas destacó las mejoras institucionales, regulatorias, financieras y tributarias, que pueden elevar la productividad de manera más amplia y sostenida.
En el caso argentino, el FMI volvió a remarcar la necesidad de avanzar en reformas tributarias y previsionales. Según el organismo, el sistema impositivo nacional continúa siendo complejo, distorsivo y poco competitivo, con más de 155 tributos distribuidos entre Nación, provincias y municipios.
El informe coincide con parte de la estrategia impulsada por el gobierno de Javier Milei, que sostiene una agenda basada en desregulaciones económicas, flexibilización laboral y reducción de la intervención estatal.



