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Cultura

Marcelo Brunetto y “El pueblo de los siete nombres”

El viernes 13 de agosto, Marcelo Brunetto presentó su libro “El pueblo de los siete nombres, los documentos que justifican los cambios de nombres de la ciudad de Villa del Rosario”. La obra, resultado de una larga investigación que busca dar luz sobre las razones detrás de los cambios de nombre que sufrió la ciudad a lo largo de toda su historia, llevó al escritor por diferentes caminos. 

Ahora y apenas un mes después de la presentación, Bruentto nos cuenta algunas de esas aventuras.

Descubriendo la historia detrás de los nombres

El pueblo de los siete nombres era un lema que usaba Gaudencio Derra, que era un poeta e historiador local”, comienza a explicar Marcelo Bruentto. “De hecho hizo un poema que terminó siendo una zamba que interpretaba Juan Bautista”. 

Presentación del libro en el Salón de Actos de la Municipalidad de Villa del Rosario

Brunetto es arquitecto. Vive en Villa del Rosario, su ciudad natal y trabaja también en la Junta Municipal de Historia. “Yo escuchando esa zamba me pregunté: ‘qué raro, por qué tantos cambios de nombre’. Y con esta pregunta, muchos años después, en alguna reunión de la Junta de Historia me topé con un documento que explicaba uno de esos cambios de nombre. Y ahí, recordando el lema me dije: ‘¿Existirán los otros seis documentos o habrá sido una exageración poética de don Gaudencio?’”. 

Esta pregunta sería el comienzo de una investigación que le llevó alrededor de seis años y gracias a la cual visitó distintos lugares aprendiendo y buscando registros que dieran cuenta de la historia de Villa del Rosario.

El documento que llegó a manos de la Junta Municipal de Historia (de la que Brunetto forma parte desde su creación) era el expediente de un juicio que los Pigualas (un pueblo originario también conocidos como Pibala o Pivala, que habitaba en la región) llevaron a cabo para recuperar los terrenos de Los Ranchos. Alrededor de 300 páginas de las cuales, en principio, se desconocía el contenido. 

Me costó mucho, leí varias veces hasta entender de qué estaba hablando”, asegura el investigador. “Ahí me fui dando cuenta de que estaba explicando uno de estos cambios de nombre que era el de Los Ranchos al de Villa Real del Rosario. Y con ese expediente dije:

Todos los otros cambios de nombre deben tener algún expediente,

alguna justificación, algún documento que lo explique’ y ahí me puse a buscarlos”.

Este proyecto llevó a Brunetto a visitar el Archivo General y el de Catastro de la Provincia, el Archivo del Arzobispado y el de la Municipalidad de Córdoba. “Lo más complicado es el tiempo, la información está toda. Hay más información incluso, uno tiene que desechar”, señala Marcelo. Por otro lado, remarca que si bien algunos de esos archivos hoy ya han sido digitalizados, otros todavía no. La diferencia es sustancial: en uno podés buscar por palabras y el sistema mismo te indica a dónde dirigirte. En el caso contrario “es como si fueras a una biblioteca y tenés que buscar documento por documento”.

Así y todo, Brunetto recuerda la investigación con alegría. “Es una experiencia solitaria”, aclara; pero “como experiencia sí es agradable porque la información está, no se perdió nada. Está todo guardado. Más allá de que es difícil conseguirlo está toda la información”.

Como lo tomo como un hobby y me gusta, para mi es agradable”. 

Solo 50 años atrás

Esta aventura histórica le descubrió al investigador, por supuesto, nuevos aprendizajes. “Hay muchísimas cosas que no esperé”, recamara. 

A cuenta personal, Brunetto asegura que lo que más llamó su atención fue una serie de fotografías de 1970, de la ya entonces Villa del Rosario, donde puede verse a familias junto a sus ranchos de piedra, tolderías de cañas y cueros o sus casas pozos. 

A mí lo que más me impactó de todo fue saber que en los años ‘70 y ‘80 la gente vivía como los Comechingones”, señala con admiración el arquitecto. El registro fotográfico  se llevó a cabo con el objetivo de incluir a estas familias en un futuro plan de viviendas. “Hace 50 años, no hace 200 años. Eso es lo que más me impactó, reconocer eso”.

Publicar un libro

Ejemplares de “El pueblo de los siete nombres”

Los 50 ejemplares que fueron presentados en el Salón de Actos de la Municipalidad de la ciudad pueden pensarse como el resultado de esta investigación. Sin embargo, una vez escrito, poder tenerlo entre sus manos también significó un desafío. 

Como toda primera vez, el camino estuvo lleno de aprendizajes que lo hacen decir, no sin cierto lamento, que le hubiese gustado saber algunas de las cosas que sabe ahora. 

Realmente necesitás que alguien lo arme bien y verlo vos incluso”, destaca, haciendo referencia a las tareas de corrección, diseño y encuadernación. “La forma de redactarlo, o errores ortográficos también hace falta alguien que corrija”. 

Por eso, remarca, agradece a todos aquellos que formaron parte del proyecto. Claudia Aguinaldo, que ayudó con las correcciones finales. Una historiadora de la ciudad de Córdoba, que también pudo leer el libro y colaboró en el proceso de correcciones. Y por supuesto, “Bachi” Delorto, que no solo es el autor de la portada, sino también colaboró  con información.

Brunetto no quiso tampoco dejar de saludar a sus compañeros de la Junta y a otros historiadores que conoce y que, indirectamente, formaron parte del desafío.

Ilustración realizada por “Bachi” Delorto

La desaparecida iglesia de Sobremonte

Entre nombre y nombre, lo que hoy conocemos como Villa del Rosario fue creciendo y siendo testigo de muchas más historias.

Yo tengo escrito una base de lo que yo llamo, lo que llamamos acá en Villa, la desaparecida iglesia de Sobremonte. Que es la iglesia de la fundación de Villa que marcó Sobremonte que está ubicada o estaba ubicada donde estaba el IPET, al lado de la Municipalidad”, cuenta Marcelo. Así, asegura, busca recuperar los hechos que rodearon la construcción de la iglesia (desde 1776 hasta 1831), a través de los sacerdotes que fueron pasando por el pueblo durante esos años.

Nuestra historia

Conocer nuestra historia nos permite, de alguna manera, recuperar algo de quienes éramos para entender quienes somos, observa Brunetto. “Aunque no esté más esa iglesia o no estén más un montón de cosas, han estado y son parte del patrimonio, de lo que era la Villa en su momento”, remarca.  

La idea es, y una de las razones con las que se hizo la junta de historia, es divulgar toda la historia de Villa”, incentivar espacios para que esa historia llegue a los vecinos.“Lo lindo es divulgar y si alguien se interesa y quiere profundizar en eso o lo que sea, esa es la razón por la que se formó la junta”.

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